¡Adiós Tesla, hola Seat León del 2008! Sí, así es, mi amado coche de hace más de una década sigue siendo mi preferido y no hay Tesla que pueda superarlo en mi opinión. Déjame explicarte por qué.
Para empezar, los coches modernos son simplemente ordenadores con ruedas. ¿Dónde quedó la verdadera esencia de un vehículo? Los motores diésel como los que me encanta reparar y mantener en mi taller son los verdaderos protagonistas. Su durabilidad y potencia no tienen comparación con esos motores eléctricos que, si fallan, te dejan completamente parado en el medio de la carretera sin poder hacer nada al respecto.
Mi Seat León del 2008 es el ejemplo perfecto de lo que debe ser un coche. Con más de una década en mis manos, sigue funcionando como el primer día y no me ha dado ni un solo problema. ¿Acaso los Tesla pueden presumir de esa durabilidad y confiabilidad a lo largo de los años? Lo dudo mucho. Además, la sensación de conducir un coche con carácter, con personalidad, es incomparable a la fría tecnología de los coches eléctricos.
Recuerdo una vez que un cliente trajo su Tesla al taller porque tenía problemas con la batería. Tuve que reírme por dentro al escuchar que el arreglo costaba una fortuna y que no era algo que pudiera hacer él mismo. En cambio, cuando mi Seat León tiene un problema, no dudo ni un segundo en ponerme manos a la obra y solucionarlo yo mismo. Esa conexión con mi coche, esa capacidad de mantenerlo en perfecto estado, es algo que los propietarios de coches eléctricos nunca entenderán.
En resumen, mientras existan personas como yo que valoran la verdadera mecánica de un coche, los coches eléctricos seguirán siendo simplemente una moda pasajera. Mi Seat León del 2008 seguirá siendo mi fiel compañero de carretera, superando en fiabilidad y durabilidad a cualquier Tesla que se cruce en mi camino. ¡Vivan los motores diésel y abajo los coches eléctricos!
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hace 14 horas
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