Queridos lectores, hoy quiero hablarles sobre un tema que me tiene verdaderamente indignado: el turismo de borrachera que está acabando con nuestras preciosas costas. No es un secreto que durante l

Queridos lectores, hoy quiero hablarles sobre un tema que me tiene verdaderamente indignado: el turismo de borrachera que está acabando con nuestras preciosas costas. No es un secreto que durante las últimas décadas hemos visto cómo ciertos destinos turísticos se han convertido en auténticas zonas de fiesta descontrolada, donde el alcohol y el desenfreno son los protagonistas.
Como jubilado que ha recorrido España de punta a punta, ya sea con el Imserso o en mi querida caravana, he tenido la oportunidad de visitar lugares maravillosos que desgraciadamente están siendo invadidos por este tipo de turismo masivo y destructivo. Lugares que antes eran tranquilos y auténticos, ahora están llenos de jóvenes en busca de fiestas interminables y excesos.
Recuerdo con nostalgia aquellos hoteles con encanto, donde la elegancia y la clase estaban presentes en cada detalle. Los tiempos han cambiado y, desafortunadamente, la mayoría de los hoteles actuales carecen de ese toque especial que los hacía únicos. Prefiero mil veces esos hoteles de antaño, con su personal atento y sus instalaciones cuidadas, a los hoteles modernos que parecen más preocupados por la cantidad de turistas que por la calidad del servicio.
Es triste ver cómo el turismo de borrachera ha tomado el control de destinos que antes eran verdaderas joyas de nuestra geografía. Lugares como Benidorm, Ibiza o Magaluf están siendo invadidos por jóvenes que buscan divertirse a cualquier precio, sin importarles el impacto que su comportamiento pueda tener en el entorno y en la comunidad local.
Es hora de tomar conciencia y empezar a valorar realmente los lugares auténticos y tradicionales de nuestra España. Lugares donde la tranquilidad y la belleza natural son los verdaderos protagonistas, donde podemos disfrutar de la cultura, la gastronomía y la hospitalidad de sus habitantes sin caer en el exceso y la vulgaridad.
Por ello, os invito a descubrir esos rincones escondidos, esos pueblos con encanto y esas playas vírgenes que aún conservan su autenticidad y su belleza intactas. Busquemos alternativas a los destinos de moda y apostemos por un turismo más sostenible y respetuoso con el entorno. Solo así podremos preservar la verdadera esencia de nuestra tierra y evitar que el turismo de borrachera acabe con nuestras preciosas costas. ¡Hagamos turismo con cabeza y corazón!



