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sábado, 18 de abril de 2026
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Los hoteles de antes tenían más clase que estos modernos En la actualidad, los hoteles se han convertido en simples edificios funcionales que ofrecen habitaciones estandarizadas, sin ningún encant

Los hoteles de antes tenían más clase que estos modernos
En la actualidad, los hoteles se han convertido en simples edificios funcionales que ofrecen habitaciones estandarizadas, sin ningún encant

Como un viajero experimentado y nostálgico de los hoteles de antaño, no puedo evitar sentir una profunda tristeza al ver cómo la clase y el encanto de los alojamientos tradicionales han sido reemplazados por simples edificios funcionales que ofrecen habitaciones estandarizadas y sin ningún tipo de encanto. En mis años recorriendo España con el Imserso y en caravana, he tenido el privilegio de hospedarme en hoteles que derrochaban elegancia y distinción, donde cada detalle estaba cuidadosamente pensado para brindar una experiencia única a sus huéspedes.

Recuerdo con cariño aquellos hoteles con suelos de mármol, decorados con muebles antiguos y obras de arte, donde el personal te recibía con una sonrisa y te hacía sentir como en casa. La calidad de los servicios era impecable, desde el desayuno servido en elegantes salones hasta la atención personalizada en cada petición. En aquellos tiempos, hospedarse en un hotel era toda una experiencia en sí misma, un lujo al alcance de unos pocos privilegiados que valoraban la excelencia y el buen gusto.

En contraposición, los hoteles modernos han perdido esa esencia única que los hacía especiales. Ahora nos encontramos con edificios anodinos y sin personalidad, donde las habitaciones se parecen unas a otras y la atención al cliente deja mucho que desear. La masificación del turismo ha llevado a una estandarización de los servicios, donde prima la cantidad sobre la calidad. Ya no se valora la excelencia ni la distinción, sino la eficiencia y la rentabilidad.

Es triste ver cómo esos hoteles de antaño, con su elegancia y su encanto, han dado paso a una industria hotelera impersonal y despersonalizada. Como defensor de los lugares auténticos y tradicionales de España, creo que es importante preservar la esencia y la historia de nuestros alojamientos, valorando la clase y el buen gusto por encima de la modernidad y la funcionalidad. Solo así podremos seguir disfrutando de experiencias únicas y memorables en nuestros viajes.

En definitiva, los hoteles de antes tenían esa chispa de clase y distinción que los hacía especiales, algo que los modernos han perdido en su afán de adaptarse a las demandas del turismo masivo. Es hora de reivindicar la elegancia y el encanto de los alojamientos tradicionales, para que las futuras generaciones puedan disfrutar de la verdadera esencia de la hospitalidad española.

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