El verano más caro de la historia: 123 euros la noche de hotel. Yo conozco un sitio

Lo dice el INE, no lo digo yo: la noche de hotel en España ya sale de media a más de 123 euros, camino del verano más caro de la historia. Y este año vienen 43 millones de turistas entre junio y septiembre, que el ministro ya se frota las manos con superar los cien millones en el año. Cien millones. Somos 48 millones de españoles y nos van a visitar más del doble. Y mientras tanto, la familia de aquí, la de dos niños y un Dacia, echa cuentas en julio y le sale que una semana de playa cuesta como una letra del coche. Algo hemos hecho mal cuando el español no puede veranear en España porque España está ocupada.
Pero vamos a ver, criaturas, que os veo venir con la queja y la pancarta: el problema no es el precio, es que vais todos al mismo sitio, la misma quincena, reservando en la misma aplicación. Claro que Benidorm en agosto está a precio de Mónaco, si lo estáis pidiendo a gritos entre veinte millones. El truco de toda la vida, y os lo doy gratis: moved el calendario o moved el mapa. Septiembre es el secreto peor guardado de España: la misma playa, el mismo mar a 24 grados, la mitad de gente y la mitad de precio. Y si no podéis mover el calendario, moved el mapa, que este país tiene 8.000 kilómetros de costa y vosotros conocéis 40.
Que me pongo y no paro, eh. ¿Para qué ir tan lejos? ¿Playas? La Costa de la Muerte, que un alemán pagaría por verla y el de Móstoles no ha ido nunca. ¿Montaña fresquita ahora que media península está en aviso rojo? El valle del Roncal, la sierra de Gúdar, los Ancares, pueblos con piscina municipal a tres euros y menú del día a catorce. Yo con la caravana me he recorrido este mes el Maestrazgo entero: castillos, gargantas, cenas a la fresca, y en siete días me gasté lo que en Ibiza vale una cena con reserva y “música ambiente”. Eso está masificado, yo conozco un sitio — llevo cuarenta años diciéndolo y cuarenta años teniendo razón.
Y a los del Imserso ni os cuento, que ahora en verano toca planificar: cuando salgan las plazas del otoño, listos como galgos, que vuelan. Hotel, pensión completa, animación y baile por lo que un moderno de estos paga por un brunch con vistas. Los hoteles de antes tenían más clase, eso es verdad, tenían recepcionista con nombre y no un código para abrir la puerta con el teléfono. Pero España sigue teniendo lo mejor del mundo: la luz, la mesa camilla de las nueve de la noche en la plaza del pueblo y el camarero que te dice “lo de siempre” al segundo día. Eso no lo tiene ni el Caribe, y os lo dice uno que ha estado. Dos veces. Con el Imserso, por supuesto.



