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lunes, 4 de mayo de 2026
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El MWC saca gafas que te escuchan y relojes que pagan, y a esto le llaman avance

El MWC saca gafas que te escuchan y relojes que pagan, y a esto le llaman avance

Cierra el Mobile World Congress de Barcelona con titulares de portada: gafas inteligentes que hablan con inteligencia artificial, robots humanoides paseando por la feria como si fueran señoritos de Pedralbes, cámaras de móvil con calidad de cine y, atención, el SaveWatch+2 Pay, un reloj inteligente español que paga con NFC hasta 150 euros. Y la prensa flipando, los periodistas haciendo selfies con el robot, los ejecutivos brindando con cava, y un servidor en su sillón pensando: pero a ver, criaturas, ¿de verdad estáis emocionados con esto? Un reloj que paga 150 euros. Eso lo hace mi tarjeta de débito desde 2015 sin batería, sin pulserita y sin que un robot taiwanés sepa lo que como.

Lo de las gafas con inteligencia artificial ya es para llamar al notario. Un señor se las pone, le dice “oye, gafa, qué hora es” y la gafa le contesta. Eso es exactamente lo que hacía mi reloj de pilas Casio en 1992, pero sin micrófono enviando todo lo que dices a una nube en California. Porque eso es lo que no os cuentan, hijos: las gafas no son listas, son chivatas. Tú te las pones para preguntarle el tiempo, y mientras la cocina graba a tu mujer cantando, el salón graba a tu suegra criticando al cuñado, y a las dos semanas Google sabe que tu suegra dice que tu cuñado es un parásito. Y luego dicen que es por la “experiencia personalizada”. Eso es marketing puro, chaval. Eso es vender datos.

Lo del Galaxy S26 también merece capítulo aparte. Resulta que Samsung saca un teléfono que “predice lo que el usuario quiere hacer a continuación y, en algunos casos, lo hace en su nombre”. O sea, hijos míos, que tú coges el móvil y el móvil decide por ti. ¿Que ibas a llamar a tu madre? El móvil decide que mejor le mandes un mensaje porque “es más eficiente”. ¿Que ibas a comprar pan? El móvil decide que mejor encarga una hogaza fermentada de masa madre por 8 euros porque “encaja con tu perfil”. Pero qué cojones de teléfono es ese, perdonad la expresión. Antes los aparatos los manejaba uno. Ahora los aparatos te manejan a ti. Con mi Nokia del 2005 hago lo mismo y ningún algoritmo de Seúl me elige el pan.

Y el broche, el robot humanoide del MWC. Un trasto de metro y medio, ojos LED, anda como un crío de tres años con problema de caderas y se choca con todo. Y los periodistas decían “estamos ante el futuro”. Pues el futuro pinta cojo y caro, hijos, porque ese robot, lo dice la propia empresa, sale por 130.000 euros y de momento solo sabe darte la mano y decir “hola”. Mi sobrino Quique, que tiene 14 meses, hace eso por sí solo y sin licencia de software. ¿Sabéis cuál es la verdad? Que toda esta feria, una vez al año, es para que cuatro empresas vendan a las empresas. No es para mejorar la vida de nadie. Es marketing, marketing puro, y el del MWC es de los gordos. En mis tiempos, cuando un aparato no servía para algo concreto, no se compraba. Ahora se compra primero y se busca para qué sirve después. Antes los aparatos se reparaban, no se tiraban. Ahora ni se reparan, porque vienen pegados con cola, ni se tiran, porque el algoritmo te convence de que necesitas el siguiente.

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