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Vuelta al cole y los virus ya circulan: el mejor remedio, dormir y lavarse las manos

Vuelta al cole y los virus ya circulan: el mejor remedio, dormir y lavarse las manos

No ha pasado ni una semana desde que empezaron las clases y el grupo de las madres de la clase de mi nieta ya parece el parte de un hospital. Que si mocos, que si fiebre, que si uno ha vomitado en el comedor. Lo cuentan ahora los pediatras: circulan los rinovirus, que son los catarros de toda la vida, y hay más de ciento cincuenta tipos; la gripe A se está adelantando este año; el adenovirus, que da esas anginas con placas y conjuntivitis y se queda en los juguetes; y los de la tripa, norovirus y rotavirus. Y en La Rioja ya han adelantado la campaña de vacunación y van a dar la vacuna de la gripe en espray por la nariz en los colegios hasta los trece años.

Treinta años de auxiliar en el centro de salud, y os digo una cosa: septiembre es septiembre. Siempre ha sido así. En cuanto juntas a veinticinco críos en una clase, se pasan todo lo que tienen como quien se pasa cromos. Lo que no había antes era tanta angustia. Ahora el niño estornuda dos veces y la madre ya ha buscado en internet, ha comprado un jarabe, unos probióticos y unas gominolas de vitaminas que cuestan un ojo de la cara. Y los mismos pediatras lo dicen: eso ayuda poco o nada. Tanta pastilla no puede ser bueno.

¿Qué funciona? Lo que decía mi abuela, que no fue a la universidad pero sabía más que muchos: dormir, comer caliente y lavarse las manos. Un niño que se acuesta a las once porque está con la tablet tiene las defensas por los suelos, eso lo veía yo cada invierno. Un caldo de gallina de verdad, con su hueso y su verdura, reconforta y da líquido, que es lo que necesita un crío con mocos. Y agua y jabón, que es lo más barato de la farmacia y no hay quien lo use bien: veinte segundos, entre los dedos, no pasar las manos por debajo del grifo y ya.

Ahora, que nadie me malinterprete, que ya sé cómo sois. Mi abuela curaba muchas cosas con miel y limón, pero la vacuna de la gripe se la ponía yo a mis hijos todos los años, y la del rotavirus, que un estudio del Carlos III dice que los niños sin vacunar tienen casi cuatro veces más riesgo de acabar hospitalizados. Remedios de casa para el catarro, sí; para lo serio, al médico. Y si el niño respira muy rápido, se le hunden las costillas al respirar, no retiene líquidos o está muy adormilado, nada de caldos: a urgencias sin pensarlo. Para lo demás, paciencia, pañuelos y a la cama pronto. En mis tiempos no había tantas alergias, pero catarros en septiembre, los mismos.

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