Quinta semana de huelga médica y en mis tiempos no faltaba nadie al curro, ni con anginas

Llevamos ya la quinta semana de huelga médica nacional, una semana al mes desde febrero, y los próximos paros están convocados del 18 al 22 de mayo. Solo en Madrid llevan más de 192.000 actos sanitarios suspendidos y un impacto económico de 12,8 millones de euros. Lo dicen los propios sindicatos, no me lo invento yo. Y los facultativos exigen estatuto propio, jornada de 35 horas, jubilación anticipada y que les paguen mejor las guardias. Hijos míos, yo, que estuve treinta años de auxiliar de enfermería en el centro de salud de mi barrio, viendo de todo, os lo voy a decir clarito: en mis tiempos no había huelgas porque nadie tenía la cara dura de pedir treinta y cinco horas. Trabajábamos las que hicieran falta, y si entraban tres ambulancias a las once de la noche, la doctora Aguilar se quedaba hasta las tres y al día siguiente entraba a las ocho. Y nadie se moría de cansancio. Nadie.
Lo del Estatuto Marco propio que están exigiendo, perdonadme, pero es otra cosa que se inventan los sindicatos para tener algo que pedir. ¿Estatuto propio? Hijo, el estatuto propio del médico es el juramento hipocrático y eso lo firmaste tú al recoger el título. Si no querías guardias, te haces dermatólogo y te montas tu clínica de Botox en La Moraleja. Pero si entras al sistema público y a la atención primaria de pueblo, sabes que te toca lo que te toca. Mi sobrina Lourdes, que es médica de familia en un centro de salud de Vallecas, lleva once años aguantando lo mismo que aguantaba la doctora Aguilar y, antes que ella, el doctor Rodríguez, que estuvo en el ambulatorio de Carabanchel desde el 71 hasta que se jubiló. ¿Y por qué los de antes no hacían huelga? Pues porque tenían vocación, hijos. Vocación. Esa palabra que ahora suena a antigualla, pero que era lo que sostenía la sanidad pública española.
Y luego está lo de la consulta de cinco minutos que tanto se quejan los médicos jóvenes. “Es que no me da tiempo a explorar al paciente”. Pues hijo, en cinco minutos se hace mucho si sabes lo que estás haciendo. Auscultas, miras la garganta, le tocas el abdomen, le tomas la tensión y a casa con paracetamol y caldo de pollo. ¿Cuántas veces hay que ir a un médico para una gripe? Cero. Para eso no necesitas ir al médico. Te haces tres vahos de eucalipto, te tomas un tazón de leche con miel y un cazallita el primer día, te abrigas y al tercer día estás como nuevo. Mi abuela curaba todo eso con menos. Lo que pasa es que ahora la gente quiere baja, quiere certificado, quiere cita en endocrinología por dos kilos de más, y la consulta se colapsa de gente que no debería estar allí. Tanta pastilla no puede ser bueno y tanta consulta tampoco.
Y por último, lo de pedir la dimisión de Mónica García, ya van por la tercera vez los del CESM. Hijos, una ministra no se cambia cada vez que un sindicato grita. Una ministra se cambia con elecciones o con un consejo de ministros. Lo demás es ruido. Y el ruido lo paga, ¿quién? Pues mi vecina Pilar, de 78 años, con la artrosis hecha polvo, que llevaba tres meses esperando la consulta del traumatólogo y se la han suspendido por la huelga. Ahora le toca esperar dos meses más para que le digan que tiene artrosis, cosa que ya sabíamos todos. Mientras tanto, mi vecina Pilar se aplica el bálsamo de tigre que le regaló mi cuñada de Vietnam y el dolor se le pasa. ¡La medicina natural funciona, hijos! Solo hay que ser un poco menos cómodo y un poco más sensato. En mis tiempos no había tantas alergias, ni tantas bajas, ni tantas huelgas. Y la gente vivía igual de bien. O mejor.



