Aviso rojo por calor en media España y tú empeñado en correr a las tres de la tarde

Segunda ola de calor del verano, la AEMET con aviso especial, 42 y 43 grados en el centro y el sur, aviso rojo en Cataluña, Valencia y Aragón, y las noches sin bajar de 25, que eso los meteorólogos lo llaman “noche tórrida” y mi madre lo llamaba “sacar el colchón a la terraza”. Treinta años estuve en el centro de salud y os lo digo con conocimiento: la semana de ola de calor era peor que la de Nochevieja. Y siempre, siempre, con los mismos dos clientes: el abuelo que no bebe agua “porque no tiene sed” y el deportista que sale a correr a las tres de la tarde “porque es cuando libra”. A los dos os voy a leer la cartilla hoy.
Al deportista primero, que es el que menos excusa tiene. Alma de cántaro: con 42 grados no se entrena, se sobrevive. El golpe de calor no es “marearse un poquito”, es que el cuerpo pierde el termostato, se te pone la piel seca y caliente, dejas de sudar, te confundes, y de ahí a la UCI hay un paseo muy corto. He visto entrar en urgencias a mozos de treinta años hechos unos toritos que habían salido a hacer sus kilómetros a mediodía “porque un poco de calor no ha matado a nadie”. Ha matado, hijo. A cientos, cada verano. Corre a las siete de la mañana o no corras, que el maratón de tu barrio no da puntos en el cielo.
A los mayores, y sobre todo a los que tenéis mayores a cargo, va lo serio. Los viejos no sienten la sed como los jóvenes, es así, el cuerpo avisa menos. Así que no se les pregunta “¿tienes sed?”, se les pone el vaso de agua delante cada dos horas y santas pascuas. Persianas abajo por el día, ventanas en cruz por la noche, la comida ligera —gazpacho, ensalada, fruta, que julio en España se inventó para eso— y las pastillas de la tensión revisadas con el médico, que algunas con el calor hacen de las suyas. Y llamad a los que viven solos. Todos los días. Que la mitad de los sustos de las olas de calor no los da el termómetro, los da la soledad.
Eso sí, tampoco os me pongáis histéricos, que ahora la moda es lo contrario: cerrarse en casa con el aire a 19 grados del 1 de julio al 31 de agosto, y luego todo son faringitis, contracturas del chorro del aire y catarros en pleno verano, que en mis tiempos un catarro en julio era motivo de comentario en el mercado. El aire acondicionado a 25 o 26 y limpito el filtro, el botijo en la terraza, el abanico en el bolso, y a vivir el verano con cabeza, que se puede. Mi abuela pasó noventa veranos sin aire acondicionado con tres cosas: agua, sombra y siesta. Tanta pastilla y tanto aparato, y al final la ciencia va y le da la razón a la siesta. Anda que no.



