Edición digital · Nº 45.026
jueves, 23 de abril de 2026
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💊 SALUD

853.000 personas esperando operarse y vosotros tomando tres pastillas al día

853.000 personas esperando operarse y vosotros tomando tres pastillas al día

Ochocientas cincuenta y tres mil personas esperando una operación a cierre de 2025. Lo leí ayer en el periódico y casi me da algo. Ciento veintiún días de media. En Andalucía ciento setenta y tres, en Cataluña ciento cuarenta y dos, en Extremadura ciento treinta y siete. Y la gente se queja por todo menos por esto, que es lo único que importa de verdad cuando estás malito. Yo trabajé treinta años en el centro de salud de mi barrio como auxiliar de enfermería, y os puedo decir una cosa: las listas no estaban tan mal en mis tiempos porque los médicos sabían diagnosticar a la primera. Ahora te mandan tres pruebas, dos especialistas, una resonancia, y entre todos esperan ocho meses. Y el paciente entre tanto, sin saber lo que tiene.

Y luego está el tema de las pastillas. Que esto sí que me pone mala. Veo a mi hija con treinta y cinco años tomándose una para dormir, otra para los dolores de cabeza, otra para el estómago, otra para “la ansiedad esa del trabajo”. Cuatro pastillas. ¡Cuatro! A los treinta y cinco años. ¿Y a mi madre, que en gloria esté, qué le daban? Tila con un chorrito de coñac antes de dormir y a la cama. Y vivió hasta los noventa y uno. Tanta pastilla no puede ser bueno, hija mía, yo lo digo y lo seguiré diciendo. La mitad de las cosas que vais al médico se quitan con un baño de manzanilla, una cataplasma de cebolla en el pecho cuando hay tos, y dormir ocho horas en lugar de pegado al móvil hasta las dos.

Mi abuela, que era de un pueblo de Cuenca, curaba la otitis con un algodón empapado en aceite tibio metido en la oreja. Tres días. Sin antibióticos, sin urgencias, sin tres horas en una silla de plástico. La gastritis, con bicarbonato y reposo. Las anginas, gárgaras de agua con sal y limón. ¿Que esto no tiene base científica? Pues mira, los antibióticos sí la tienen y los están cargando en cinco años porque se han recetado para todo. Las bacterias se están haciendo resistentes y al final, ironías, vamos a tener que volver a los remedios de la abuela porque las pastillas ya no van a hacer efecto.

Lo que tenéis que entender es esto: para muchas cosas no necesitas ir al médico. Vas, esperas tres horas, te ven cinco minutos, te mandan una pastilla y te vas. Y entre tanto, el señor del pueblo de al lado lleva doscientos ochenta días esperando que le operen una cadera y no puede ni levantarse del sofá. Si la sanidad pública sirviera para los que la necesitan de verdad, en vez de para mareos que se quitan con una infusión, otro gallo nos cantaría. Os lo dice una que ha visto el centro de salud por dentro durante treinta años. En mis tiempos no había tantas alergias ni tanta consulta. Pensadlo.

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