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Sánchez quiere regularizar migrantes y a mi cuñada llevan cinco años pidiéndole papeles

Sánchez quiere regularizar migrantes y a mi cuñada llevan cinco años pidiéndole papeles

Lo dijo Sánchez ayer mismo en sesión de control: van a regularizar a las personas migrantes y eso “hará a Cataluña y España países mejores”. Pues mire usted, presidente, yo no tengo nada contra que se regularicen las cosas, faltaría más. La gente que trabaja en el campo, la que cuida a los abuelos, la que limpia los hoteles a las seis de la mañana cobrando ocho euros la hora en negro, esa gente se merece papeles. No lo voy a discutir. Pero permítame que le pregunte una cosa: ¿por qué, a mi cuñada Marisol, que es de Buenos Aires y bisnieta de un señor que se fue de Asturias en 1934 huyendo de la guerra, le llevan cinco años en la cola del consulado pidiendo la nacionalidad por nietos? Cinco años. Y ahora van a regularizar a quien lleva un mes en pateras en Almería de un día para otro. Pues nada, encantado.

Yo lo que reclamo es coherencia. La Ley de Memoria Democrática reconoció el derecho de los nietos de exiliados españoles a obtener la nacionalidad. Bien, perfecto, todos contentos. Pero luego el sistema no funciona: los consulados están desbordados, los expedientes tardan tres años solo en abrirse, las citas online aparecen una vez al mes a las tres de la madrugada y se llenan en doce segundos, y a la gente que tiene apellido español de tres generaciones la mareas con papeleo absurdo. Mientras tanto, regularización exprés para quien acaba de cruzar el Estrecho. Y no me malinterpreten: a quien ha cruzado el Estrecho hay que darle dignidad y papeles, claro. Pero al bisnieto del minero que se exilió por defender la República, también. Eso es lo que se llama trato justo.

Mi tío Casimiro, que estuvo en la cárcel de Carabanchel en el 65 por imprimir octavillas, decía siempre: “Hay tres cosas que en este país se han confundido: caridad, justicia y propaganda”. Y tenía razón. Esto que está montando Sánchez con la regularización es propaganda envuelta en caridad disfrazada de justicia. Si fuera justicia, la cola del consulado en Buenos Aires duraría un año, no cinco. Si fuera caridad, no se anunciaría con bombo y platillo en sede parlamentaria. Y si fuera propaganda, al menos que tuviera la decencia de no engañar a los catalanes diciendo que esto va a hacer mejor a Cataluña, que llevamos diez años escuchando que cualquier cosa que haga el gobierno va a hacer mejor a Cataluña y aquí estamos, con el Estatut todavía en el limbo y el catalán cayéndose de las redacciones de los telediarios.

Y luego Junts pregunta: “¿Qué argumento le queda a Sánchez para no convocar elecciones?”. Pues le queda el mejor argumento de todos: el voto del PNV, el voto de Junts, el voto de Sumar y el voto de los de Bildu. Mientras esos cuatro le sostengan la silla, no va a haber elecciones. Llevamos así desde noviembre del 23 y vamos a seguir hasta agotar la legislatura entera. Que cada uno saque sus conclusiones. Yo lo digo desde el bar y desde la barra: a este Gobierno solo lo tumbará una crisis económica, no una urna. En mis tiempos esto no pasaba.

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