Feijóo arranca campaña en Andalucía con Ayuso pegada al hombro y Vox rabiando en la esquina

A trece días de las autonómicas andaluzas del 17 de mayo, Núñez Feijóo se ha presentado en la campaña de Juanma Moreno con Isabel Díaz Ayuso pegada al hombro, en un acto que titularon “Pagas más, recibes menos: contra el infierno fiscal del Gobierno de Sánchez”. El líder del PP, que llevaba meses esquivando a Ayuso como quien esquiva a la cuñada en una boda, esta vez se ha rodeado de ayusistas y se ha echado al monte. Y mientras tanto, Santiago Abascal grita desde Sevilla que Sánchez quiere “robar” las elecciones generales del 2027, que el presidente del Gobierno es “el principal problema de los españoles” y que su Vox es la única alternativa de verdad. Pero hijo, Santiago, las encuestas dicen que estás bajando del 19% al 15,7% en Andalucía. Cuando uno viene perdiendo veinte mil euros, no llama estafador al banco, llama a su asesor y se va a casa a recapitular.
Lo que ha pasado en realidad es muy sencillo, y se lo explico yo, que llevo leyendo prensa desde que el periódico costaba dos pesetas. Feijóo había estado dos años intentando convencer a la moderación de que él era un señor de centro, racional, gallego, prudente, que no se subía al carro del ruido. Llevaba en la cartera el discurso de Rajoy doblado por si acaso. Pero ha visto que en Andalucía Moreno va camino de la mayoría absoluta sin tocar a Vox, ha visto que Ayuso le saca seis puntos en intención de voto en Madrid sin él hacer nada, y ha visto que el votante de derechas español, en este momento histórico, no quiere prudencia: quiere alguien que grite a Sánchez. Pues tomado nota, ha bajado del coche oficial, se ha puesto al lado de Ayuso, ha dicho “infierno fiscal” tres veces y a esperar el aplauso. Esto ya lo vi venir yo en septiembre, se lo dije a mi cuñado el de Talavera, le dije: “este Feijóo termina abrazado con la Ayuso o no termina nada”. Pues ahí está la foto, en El Correo Gallego.
Y a Vox, que se las prometía felices con los pactos de “prioridad nacional” y la mano dura migratoria en Extremadura y en Aragón, le ha pillado el toro. Cuando el PP coge el discurso duro, Vox se queda sin marca registrada. Es como si Mercadona empieza a vender Coca-Cola a mitad de precio: ¿quién va a la tienda de la esquina? Nadie. Y por eso Abascal está dando entrevistas a las 6 de la mañana, gritando lo de “robar las elecciones del 27”, que no es ni un argumento, ni una denuncia, ni una demanda, es un titular para Telecinco. En mis tiempos cuando un partido se hundía guardaba la compostura. Ahora gritan más, se hunden igual y encima quedan ridículos.
Mientras todo esto pasa, Pedro Sánchez, en Moncloa, tiene a Ábalos declarando en el Tribunal Supremo, a Aldama soltando que entregó cuatro millones para financiar al PSOE y a su mujer pendiente de un recurso. Pero el PP, en lugar de dejar que se cocine solo, va a Andalucía a hablar de fiscalidad, ¿por qué? Pues porque Moreno, que es el político con más cabeza de los populares, sabe una cosa: en una campaña andaluza no se gana hablando de Madrid. Se gana hablando del IRPF andaluz, del paro juvenil, de los hospitales y de que el sevillano de a pie quiere que su sueldo dé más. Punto. Y en eso Moreno es imbatible. Pues nada, normal. Aquí el problema es que no se enteran. Lo que tendrían que hacer es callarse en Madrid, dejar trabajar a Moreno los próximos trece días, y luego ya, el 18 de mayo, abrir la veda otra vez. Pero no, esto es España. En mis tiempos los políticos tenían clase. Estos no.



