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Bruselas prohibirá las redes a los menores de 13 años: lo que no hacen los padres

Bruselas prohibirá las redes a los menores de 13 años: lo que no hacen los padres

Leo en los tres periódicos de hoy, que para eso me los compro, que la Comisión Europea presenta mañana la llamada “EU Kids Act”, que en cristiano sería la ley europea de la infancia. Prohibición de redes sociales para los menores de 13 años, con verificación de edad obligatoria de verdad, no el “¿tienes más de dieciocho? Sí” de toda la vida. Y entre los 13 y los 15, solo “minicuentas” creadas y vigiladas por los padres, con funciones y horarios limitados. Y ojo, que no solo TikTok e Instagram: también videojuegos en línea y esos “compañeros virtuales” de inteligencia artificial que les hablan a los críos como si fueran novios. Sánchez aplaudiendo, que dice que España y Francia lo propusieron hace un año, y que aquí además se tramita subirlo a los 16.

Y mirad, que yo he criticado mucho a Bruselas y lo seguiré haciendo, pero esta vez voy a decir una cosa que no se dice: la ley me parece bien. Lo que me parece mal es que haga falta. Cuarenta años de funcionario me han enseñado que cuando el Estado tiene que legislar algo que antes se arreglaba en casa, es que en casa algo se ha roto. Mi nieto tiene once años y un móvil mejor que el mío. ¿Quién se lo compró? Bruselas no. Se lo compró su padre, mi yerno, “porque todos los de la clase lo tienen”. Y todos los de la clase lo tienen porque todos los padres dijeron lo mismo. Eso tiene un nombre y no es libertad, es comodidad.

Ahora, lo que tendrían que hacer, y lo veo venir desde ya, es explicar cómo se va a verificar la edad sin que tengamos que mandar el DNI a una empresa de California. Porque aquí el problema es que no se enteran: aprueban la norma, hacen la foto, y luego la letra pequeña la escriben los mismos que venden los datos. En mis tiempos, para sacar un libro de la biblioteca municipal ponías tu nombre en una ficha de cartulina y ahí se quedaba. Ahora para demostrar que tienes catorce años vas a tener que escanearte la cara. Que alguien me explique dónde acaba esa cara.

Así que mi voto, si me lo pidieran: sí a la ley, pero con tres condiciones. Que la verificación la haga un organismo público y no la propia plataforma, que sería poner al zorro a cuidar las gallinas. Que haya multas de verdad, de las que duelen a una empresa de ese tamaño, no de las que se pagan con la calderilla. Y que a los padres se les recuerde, con campaña en la tele si hace falta, que un móvil no es una niñera. Esto ya lo vi venir yo cuando mi hija me pidió un Tamagotchi en el 97. Empezó con un pollito digital y mira dónde hemos acabado.

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