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Premio Cervantes a un mexicano, otra vez: ¿es que no hay escritores en España o qué?

Premio Cervantes a un mexicano, otra vez: ¿es que no hay escritores en España o qué?

Hoy le entregan el Premio Cervantes 2025 a Gonzalo Celorio en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, con los reyes presidiendo y todo el aparato cultural del país batiendo palmas. Mexicano, claro. Como Cristina Rivera Garza el año pasado. Como Elena Poniatowska en 2013. Como Sergio Pitol en 2005. Como Carlos Fuentes en 1987. Yo no tengo nada contra los mexicanos, ojo, allá tienen sus letras y su tradición y todo lo que ustedes quieran. Pero esto se llama Premio Miguel de Cervantes Saavedra. Cervantes era de Alcalá. Murió en Madrid. Combatió en Lepanto. ¡En Lepanto, joder! ¿Y se lo dan otra vez a alguien que escribe sobre la Ciudad de México y los exiliados republicanos en el café del barrio del Cosmos?

Es que tenemos a escritores en España, eh, no es que no haya. Tenemos a Eduardo Mendoza, premiado ya, vale. Tenemos a Antonio Muñoz Molina, premiado ya. Pero tenemos a Almudena Grandes, que en gloria esté, y se le pasó el premio. Tenemos a Javier Marías, que en gloria esté, y se le pasó el premio. ¿Y por qué? Pues porque el premio es alterno: un año España, otro año Hispanoamérica. Es como tener una cuota. Esto, en el deporte, sería trampa. Pero en la cultura, parece que mola.

Mi cuñado, que estuvo veinticinco años de bibliotecario en el Ateneo, me decía: “Pepe, lo que pasa es que la literatura en español es una sola y por eso el premio se reparte”. Y le digo yo: “Tú la literatura en español la ves como una sola porque te enseñaron eso en Magisterio el año setenta y dos, pero en realidad la literatura mexicana, la argentina y la española son tres planetas distintos, con sus propios escritores, sus propias editoriales y sus propios lectores. Que España subvencione un premio para repartirlo con Hispanoamérica está muy bien si la Casa de América lo paga. Pero lo paga el Ministerio de Cultura, lo paga el contribuyente español, y el premio son ciento veinticinco mil euros que este año salen de Alcalá rumbo a Coyoacán. Pues nada, encantado”.

Y luego está el otro tema del día, el juicio Kitchen, donde hoy testifica Mariano Rajoy. Pobre hombre. Le acusan de ser el cerebro de una operación contra Bárcenas que organizó el Ministerio del Interior para sustraer documentación. ¿Mariano Rajoy, cerebro? El que decía que “es muy difícil hacer cosas y a veces es imposible”? El que se fue del Congreso a tomarse una caña en el bar de enfrente cuando le iban a votar la moción de censura? Vamos, hombre. Mariano Rajoy no es cerebro de nada. Y no lo digo como insulto, lo digo como elogio. En mis tiempos, la política la hacían así. Sin estrategia, sin asesores de imagen, sin laboratorio de IA. Y se vivía mejor.

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