Huelgas en los aeropuertos justo en julio: ¿casualidad? Lo dudo mucho

Cuarenta años en la radio me han enseñado a leer los calendarios, que es donde está la verdad de las cosas. Y el calendario de este mes dice lo siguiente: huelga de pasarelas en El Prat los días 17, 18 y 19 de julio. Huelga indefinida en el aeropuerto de Bilbao desde el día 2. Paros en A Coruña y Santiago. Y la de Airbus en Getafe, convocada hasta el 31. Todo junto, todo en julio, todo justo cuando media España está haciendo la maleta y la otra media quiere volar a ver la final del Mundial el domingo 19. ¿Casualidad? En este oficio, cuando tres cosas pasan a la vez, dos son casualidad y la tercera es la noticia. Y esa es la que no te cuentan.
A ver si nos entendemos, que luego me llaman antisindical y no es eso. El trabajador de pasarela, el de tierra, el de la bandeja del escáner, lleva años con sueldos de risa mientras el aeropuerto bate récords de pasajeros un verano sí y otro también. Este año esperamos 43 millones de turistas entre junio y septiembre, cifra histórica, y los beneficios del sector, históricos también. ¿Y al de la pasarela qué le ha tocado de ese récord? El turno partido. Pues el hombre hace la única cuenta que le sale: si paro en noviembre no se entera nadie, si paro el fin de semana de la final del Mundial se entera hasta el ministro. Eso no es maldad, eso es aritmética laboral de toda la vida.
Ahora bien, aquí hay más capas, como en las cebollas y en los expedientes. Fijaos en lo que pasará: tertulianos rasgándose las vestiduras contra el trabajador de 1.300 euros, horas y horas de televisión con la señora que pierde el vuelo a Menorca llorando en la T1. ¿Y del récord de beneficios de las gestoras aeroportuarias, cuántos minutos? ¿Y de por qué la negociación lleva meses atascada, cuántos? Cero. El foco siempre apunta al que protesta, nunca al despacho donde se decidió que protestar fuera la única salida. Eso lo aprendí yo cubriendo la reconversión industrial, y no ha cambiado nada salvo las corbatas.
Así que ya sabéis lo que hay, y me lo agradecéis luego: el que vuele entre el 17 y el 19, que salga con cuatro horas de margen, factura hecha en casa y el bocadillo en la mochila, que el de la cafetería del aeropuerto no tiene la culpa pero cobra el agua a tres euros igual. Y cuando el lunes 20 os cuenten que “el conflicto se ha desconvocado tras un acuerdo in extremis”, recordad quién os dijo que el acuerdo estaba escrito antes que la huelga. Aquí hay gato encerrado, y el gato, como siempre, viaja en primera.
