El SUV eléctrico chino de MG con 530 kilómetros: y mi León TDI sigue aquí, gracias

Os vengo a hablar del nuevo MG eléctrico, ese SUV que llegó a España el día 22 de abril con quinientos treinta kilómetros de autonomía y “controles inteligentes de conducción”. Lo leo en el periódico y casi me da algo. Quinientos treinta kilómetros. Eso te lo prometen de fábrica, claro. Luego te vas a la autopista en agosto con el aire acondicionado a tope y los críos detrás, y los quinientos treinta se quedan en trescientos veinte si tienes suerte. Y si decides ir un poquito más rápido del límite porque eres una persona normal y no un robot, pues en doscientos ochenta. ¿Eso para qué? Para llegar a Valencia desde Madrid y no saber si llegas o si te quedas tirado en una gasolinera de Motilla del Palancar buscando un cargador rápido que no esté ocupado por un Tesla.
Y ojo, MG es una marca china. Que no engañen con el nombre inglés, que MG hace cincuenta años era inglesa, sí, pero ahora está en manos de SAIC, que es el principal fabricante de Shanghái. Eso significa que los recambios vienen de un puerto a tres semanas de distancia, los talleres oficiales son cuatro en toda España, y si se te rompe el módulo de control de batería, que es la pieza más cara del coche, te quedas sin coche tres meses esperando. Pero claro, los anuncios no cuentan eso. Los anuncios cuentan que tiene pantalla flotante de doce pulgadas y reconocimiento facial. Como si yo necesitara que el coche me reconozca la cara para arrancar. Que para eso tengo el carné y la llave de toda la vida.
Mi León TDI del 2008 sigue echando humo por el escape, sí, pero arranca a la primera todas las mañanas, llega a doscientos veinte si me da la gana en autopista despejada, hace seiscientos kilómetros con un depósito que cuesta sesenta y cinco euros llenar y, lo más importante, si se rompe algo, lo arregla mi cuñado Felipe en el patio de su casa con un destornillador y una llave inglesa. ¿Cuánto cuesta arreglar la batería de un eléctrico? Catorce mil euros. Catorce. Mil. Euros. Eso es comprarse otro coche prácticamente. Y la duración media es de ocho años con cargas continuas. Echen ustedes la cuenta.
Y luego está el Cupra Raval, que sale al mismo tiempo, fabricado en Martorell, plataforma del Volkswagen ID2, partiendo de treinta y tres mil euros. ¡Treinta y tres mil euros! Por un utilitario eléctrico. Mi primer coche, un Renault 5 GTL de 1985 segunda mano, me costó ciento veinte mil pesetas, que son setecientos veinte euros. Y me llevó por toda España. Aquello sí era democratización del automóvil. Esto de ahora es democratización para los hijos de notarios y para los funcionarios de la Comunidad de Madrid con plus de antigüedad. Yo lo digo y conste: el día que el coche eléctrico baje de los quince mil euros, hablamos. Mientras tanto, mi León y yo seguimos rodando.



