El Supremo dice que las ZBE de Madrid son ilegales pero los 650 millones a tu bolsillo no vuelven

Atención al titular del Tribunal Supremo: la Zona de Bajas Emisiones del Ayuntamiento de Madrid es ilegal. Repito por si alguno se ha quedado dormido: ILEGAL. Lo dijeron los magistrados con el martillito y todo. Y la siguiente noticia es: los 650 millones de euros que el Ayuntamiento ha cobrado en multas a los conductores de Madrid desde que esto empezó, NO SE DEVUELVEN. Pero hijos, ¿esto qué es? ¿Esto es una democracia o un casino? Tú vas al banco, los magistrados dicen que el banco te ha cobrado mal una comisión, y el banco no te devuelve el dinero. ¿En qué cabeza cabe? Pues en la cabeza de Almeida, en la cabeza de Sánchez y en la cabeza de todos los demás, que cuando se trata del dinero del conductor, todos miran para otro lado.
Pero esto no se queda ahí, ojo. A partir de este 2026, las multas por entrar en la ZBE son de 200 euros, con un descuento del 50% si pagas en veinte días, claro, como si fuera un Black Friday del expolio. Y los coches con etiqueta B, que son la mayoría de los diéseles que la gente normal lleva en su garaje, tienen restricciones nuevas. La gasolina ya está a 1,85 euros el litro, un 35% más que hace un año, el gasóleo a 1,72, y un servidor con su Seat León del 2008, que tiene su etiqueta C porque es un diésel honesto y trabajador, lo tiene como pieza de museo en la entrada del barrio porque no puede meterse en el centro a recoger a su nuera del trabajo. ¡A su nuera, hijos! ¡Que vive en Lavapiés y no tiene plaza de aparcamiento!
Yo, que llevo treinta y tantos años con el mono puesto y la llave inglesa en la mano, os digo una cosa que los políticos no quieren oír: el problema de la contaminación en Madrid no son los coches con etiqueta B. El problema son las calderas viejas de los edificios oficiales, las obras del ayuntamiento que llevan veinte años abiertas en Plaza de España, y los SUV de gasolina de 4.000 cilindradas con etiqueta C que tienen los señores de Pozuelo y que sí entran al centro porque son “limpios”. ¿Limpios? Ese coche se bebe 14 litros a los cien kilómetros y tiene etiqueta C porque sí, porque es de gasolina y se la dieron como churros en 2017. Mi León, en cambio, hace 5 litros y se queda fuera. Un buen diésel nunca falla y nunca contaminó tanto como un SUV de gasolina de tres metros cúbicos. Pero esto no se quiere oír.
Y luego está la baliza V16, que ya es obligatoria desde enero, y que cuesta 50 euros, hijos míos, 50 euros por una luz naranja con imán que cualquier electrónico de barrio te haría por 8. Un atraco. Y los seguros, que han subido un 12%, y la ITV, que ahora tarda dos meses en darte cita, y los talleres oficiales, que cobran 90 euros la hora porque tienen las “herramientas certificadas”. Pero al final, ¿quién paga todo esto? Pues yo, mi cuñado, mi vecino, mi primo el de Algete y todos los que vivimos del coche y que no tenemos opción de meter el portátil en el AVE para irnos a teletrabajar a Soria. Eso de los eléctricos sigue siendo una moda para señores con casa con garaje y plaza fotovoltaica, no para el currante de a pie. En mis tiempos un coche se compraba para usarlo. Ahora se compra para que la administración te diga cuándo, cómo y por dónde puedes circular. Los coches de antes sí que duraban, claro, porque a los de antes nadie les ponía una pegatina obligatoria con un número que decidía su vida.



