El nuevo CUPRA eléctrico y mi León del 2008: ya veremos cuál dura más

Lo del CUPRA Raval se presentó el nueve de abril y la prensa del motor lleva una semana echándole inciensos como si fuera el mesías. Que si plataforma MEB Entry, que si cuatrocientos cincuenta kilómetros WLTP, que si va a costar veintiséis mil euros la versión más básica. Pues mire usted, en el taller llevo desde los dieciséis años, ahora tengo cuarenta y nueve, y le voy a contar una cosa: a los diez años de haberse vendido el primer CUPRA Raval, mi León del 2008 va a seguir arrancando, y ese coche eléctrico va a estar en un desguace porque la batería va a costar más reemplazarla que comprar uno usado.
Eso de los eléctricos es una moda. Una moda subvencionada, además. Plan Auto+ ahora, cuatro mil quinientos euros de ayuda si te compras uno fabricado en Europa. ¿Y por qué tienen que pagaros con dinero público para que os los llevéis? Porque sin ayudas nadie compraría el BYD Dolphin a veintidós mil trescientos sesenta y cinco euros sabiendo que un Polo gasolina sigue funcionando a los doscientos mil kilómetros sin haber abierto el motor. Mi cuñado, el comercial de Renault de toda la vida, me dijo el otro día: “Antonio, en el concesionario los eléctricos los devuelven a los dieciocho meses, no aguantan”. Y eso lo dice uno que vende.
Lo que tenéis que entender es que un coche es mecánica. Un buen diésel, con su correa de distribución cambiada cuando toca, con su aceite cada quince mil, dura medio millón de kilómetros sin pestañear. Lo veo todos los días en el taller. Me viene un Octavia del 2014 con trescientos ochenta mil kilómetros, le ajusto las pastillas y se vuelve a la calle como nuevo. Me viene un Tesla del 2019 con noventa mil kilómetros y el módulo de la batería pidiendo ocho mil quinientos euros de cambio. ¿De qué estamos hablando? Ah, sí, “del futuro”. Pues vaya futuro, oiga.
Y otra cosa: los eléctricos esos que ahora son los “más vendidos en España”, el Tesla Model 3 y el Peugeot E-2008, ¿quién los compra? Las flotas, las administraciones, los rent-a-car que los amortizan en tres años y los mandan al outlet. El particular de a pie sigue comprando gasolina e híbrido porque sabe lo que hace. Mi León del 2008 me costó dieciocho mil euros nuevo, lo tengo desde hace diecisiete años, le he metido cuatro juegos de neumáticos y una correa, y todavía me lleva a la sierra los domingos sin un fallo. Cuando vea un eléctrico de los de ahora hacer eso, hablamos. Mientras tanto, dejadme con el cetane y el oler a gasoil por las mañanas.



