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El Atlético quejándose del calendario: en mis tiempos se jugaba con resaca y nadie lloraba

El Atlético quejándose del calendario: en mis tiempos se jugaba con resaca y nadie lloraba

A ver, vamos por partes, que esto del calendario de LaLiga me lo han contado cuatro veces en el bar y ya lo tengo claro. La RFEF se equivocó con las fechas de la Copa del Rey. Tuvieron que mover el fin de semana de la jornada 32 con el de la final copera, y eso ha hecho que la jornada 33 se juegue antes que la 32. ¿Lío? Lío. Pero nada que un calendario decente no pueda absorber. Pues no. La hinchada del Atlético de Madrid lleva tres días llorando porque su equipo jugó la vuelta de cuartos de Champions el martes 14 y la final de Copa cuatro días después, mientras la Real Sociedad tenía siete días de descanso. Cuatro días, por dios. CUATRO DÍAS. En mis tiempos los obreros de la fábrica jugaban el domingo en el equipo del barrio después de salir el sábado a las once de la noche del turno y nadie se quejó nunca.

Y ya que estamos: Diego Pablo Simeone, doce años en el banquillo del Atlético, se queja del calendario. Que tiene razón, ojo, no digo que no. Pero el mismo Cholo que se ha clasificado para todas las competiciones europeas habidas y por haber, el que ha tenido plantillas de doscientos millones de euros, ese mismo señor pone cara de víctima cuando le tocan jugar dos partidos en cinco días. Pues hijo, contrata más jugadores. Que tienes a veintiocho fichas. Si solo confías en once, eso es problema tuyo, no del calendario.

Mi cuñado, que es del Atlético de toda la vida (su padre estuvo en el Calderón en el partido aquel de 1974 contra el Bayern), me decía ayer en el bar: “Paco, no es justo, la Real tuvo siete días”. Y yo le digo: “Mira, Andrés, en 1996, el Atlético del Doblete jugaba miércoles Copa, sábado Liga, miércoles Recopa, domingo Liga, y nadie se quejaba porque el Profe Ortega les preparaba bien. Eso sí era plantilla y eso sí era preparador físico”. Se quedó callado, porque tiene razón. El fútbol moderno se ha acostumbrado a llorar antes de jugar.

Y no me hagáis hablar del VAR del partido del Madrid del domingo, que eso ya es para otro día. Pero adelanto: ese fuera de juego de tres centímetros que pitaron al Vinicius es exactamente lo que tiene podrido el fútbol. En los noventa, si el árbitro no lo veía, no lo pitaba. Y se acabó. Ahora paramos el juego seis minutos, miramos doce repeticiones, sacamos la rayita, y total para anular un gol limpio porque el codo del jugador está en posición ilegal antes de que el balón saliera del pie del compañero. Esto no es fútbol. Esto es geometría. Yo me callo, pero conste que avisé.

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