Plan de Vivienda de 7.000 millones y a ver cuánto llega al piso de mi hija

Pues nada, el martes Sánchez aprobó en Consejo de Ministros el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 con siete mil millones de euros. Para ampliar el parque público y “frenar la especulación”, dicen. Frenar la especulación. Yo cuando leo eso ya me echo a temblar, porque cada vez que el gobierno dice que va a frenar algo, ese algo sube al doble en seis meses. Que se lo pregunten al precio de la luz. Que se lo pregunten al alquiler de mi hija en Carabanchel, que pagaba seiscientos euros en 2018 por un piso de cincuenta metros y ahora paga mil cien por el mismo piso, mismas cucarachas, mismo casero gallego que no ha venido a cambiar la caldera desde que se la firmó al constructor.
Siete mil millones suena a muchísimo, pero echen ustedes la cuenta: dividido entre cinco años son mil cuatrocientos al año. Dividido entre diecisiete comunidades autónomas son ochenta y dos millones por comunidad y año. ¿Y eso para cuántos pisos? ¿Mil? ¿Dos mil? Si en Madrid sólo hay quinientas mil personas en lista de espera de vivienda protegida, los pisos que va a sacar este plan caben en una mano. El resto va a parar a estudios, comisiones de gestión, comisión interministerial de seguimiento, plan de implementación, evaluación intermedia, evaluación final y un par de cumbres en Valsaín. Lo de siempre.
Mi vecina del cuarto, que es funcionaria del ministerio aquel donde gestionan ayudas, me decía: “Remedios, lo que pasa es que ahora hay mucha demanda y poca oferta”. Y le digo yo: “Hija, eso lo sabe hasta el del kiosco. Lo que yo quiero saber es cómo es posible que en este país haya más de cuatro millones de viviendas vacías y a la vez no encontremos piso. Eso explícamelo, que el dato lo dijeron en La Sexta hace dos meses”. Y se quedó callada, claro. Porque la respuesta es: pisos turísticos, pisos comprados por fondos buitre, pisos heredados que nadie quiere alquilar por miedo a okupas, y pisos que el banco se quedó en 2012 y todavía tiene en propiedad esperando a vender al mejor postor.
Ya nos lo dijeron en febrero: vivir hoy es un cuarenta y cinco por ciento más caro que hace cinco años, y los alimentos triplican la subida de los salarios. Los datos del INE no engañan: el IPC anual subió en marzo al tres coma cuatro por ciento, gasolina y diésel disparados por la guerra de Irán, y la cesta de la compra haciendo lo que le da la gana. Y en este contexto, siete mil millones para vivienda. Pues sí, eso es como echar un cubo de agua a un incendio forestal: aparenta mucho, pero quema todo igual. Yo lo digo y lo seguiré diciendo: este plan es para la foto del telediario.



