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👩‍🍳 COCINA

Michelin premia al de los fermentados y al fuego de leña, eso ya lo hacía mi abuela en el pueblo

Michelin premia al de los fermentados y al fuego de leña, eso ya lo hacía mi abuela en el pueblo

Sale ahora la Guía Michelin 2026 con la gala en Málaga, y los inspectores, que están pagados a precio de oro para sentarse a comer cosas que no se entienden, dicen que las tendencias del año son la cocina al fuego, los sabores fermentados y un servicio renovado. Pero hijos, vamos a ver. Cocina al fuego. ¿En serio? Eso es lo que llevamos haciendo en mi pueblo desde antes que existiera la luz eléctrica. Mi madre, que en paz descanse, hacía la matanza al fuego de leña, hacía las migas al fuego de leña, asaba el cordero al fuego de leña. Y nadie le daba estrellas, nadie le daba premio. Le daba un beso mi padre y a otra cosa. Ahora vienen unos señores de París con corbata, miran a un cocinero soplando una llama y le ponen dos estrellas. Pero qué genios, hijos, qué genios.

Y lo de los fermentados ya es para echarse a llorar. Fermentado en mi tierra significa una cosa: que se ha echado a perder. Si la leche está fermentada, está agria, no me la bebo. Si la coliflor está fermentada, huele que tira para atrás y la tiro al cubo. Pero ahora resulta que un cocinero coge un repollo, lo mete en un tarro tres meses con sal, y cuando lo saca medio podrido le llama “kimchi de fermentación lenta de col gallega” y le cobra 28 euros al cliente. Y el cliente, encima, hace fotos. ¡Mi madre del alma! En mis tiempos, eso lo escondías para que no te lo viera la suegra. Ahora lo enseñas en Instagram. Pues con dos cojones.

Premian además a un señor, Quique Dacosta, con el Chef Mentor Award, que ya me dirán ustedes qué premio es ese. Se ve que es un premio para señores que tienen tres estrellas y enseñan a otros señores a tener tres estrellas. Una piña, vamos. Yo, que llevo cuarenta y pico años cocinando para ocho hijos, quince nietos, dos yernos quisquillosos y un perro al que le tengo que hacer arroz blanco porque tiene gastritis, podría dar un Chef Mentor Award a mi vecina la Loli y hacer rentable la academia. Pero claro, en mi pueblo no hay inspectores Michelin. En mi pueblo solo hay seis vecinos y la furgoneta del pan que pasa los miércoles.

Y luego el premio gordo: a un cocinero le dan dos estrellas en Bellvís, un pueblo de Lleida que no aparece ni en el GPS, y a otros tres en Barcelona. ¿Y los pueblos de Andalucía qué? ¿Y la fritura de pescado de mi cuñada en Adra? ¿Y la berza jerezana de mi prima Pepi? Eso no lo prueban los señores de la Michelin porque está hecha por mujeres en una cocina normal, sin uniforme blanco ni pinzas. Pero esa berza, hijos míos, te resucita. Yo se lo di a mi nieto Carlitos cuando vino con anginas y a las dos horas estaba corriendo. ¿Eso lo hace un fermentado de Bellvís? No, eso lo hace una mujer que sabe lo que cuece, sin estrellas y sin servicio renovado en la mesa. Las recetas de YouTube están todas mal, y las de la guía Michelin tres cuartos de lo mismo. Con cuatro cosas se come mejor que en esos restaurantes.

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