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jueves, 23 de abril de 2026
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La Mafia cambia de nombre por culpa de los italianos: y luego dicen que aquí somos los quisquillosos

La Mafia cambia de nombre por culpa de los italianos: y luego dicen que aquí somos los quisquillosos

Esto ya es el colmo. La cadena esa de pizzerías “La Mafia se sienta a la mesa”, que lleva veinticinco años poniendo plato en mesa en ciento veinte locales entre España, Portugal y Andorra, ha tenido que cambiarse el nombre a “La Famiglia”. ¿Por qué? Porque la embajada de Italia se ha quejado, ha llevado el asunto a la Oficina de Patentes y la justicia española les ha dado la razón. Veinticinco años de carteles, de servilletas, de uniformes, de delantales con el logo, todo a la basura. Y todo porque a los italianos les ha parecido ofensivo. Bonito el panorama. ¿Y si yo me quejo del nombre del Pizza Hut porque mi prima vivía en una choza que no era una pizzería? Pues nada, todos a cambiarse de nombre.

Pero es que además, vamos a ser claros: la cocina italiana en España la hacemos mejor nosotros que ellos. Yo he estado en Roma, hijos míos, y la pasta carbonara me la sirvieron con nata. ¡Con nata! La carbonara de toda la vida lleva huevo, panceta, queso pecorino y pimienta. Punto. La nata es un invento moderno y, además, es lo que le ponen los franceses, no los italianos. Pero allí, en pleno Trastevere, restaurante de los de manteles a cuadros, me la sirvieron con nata. Y carísima. Y luego vienen aquí a darnos lecciones de cómo se llama un local. Por favor.

Mi sobrina, la que estudió cocina en una de esas escuelas modernas donde te cobran ocho mil euros por enseñarte a hacer tortilla con esférico de chorizo, me dijo el otro día que la cocina italiana auténtica solo se hace en Italia. Le dije: “Hija, llévate a tu abuela, que en gloria esté, a comer a la trattoria de Carmela en mi pueblo y luego me cuentas”. Carmela hace los ñoquis a mano, la salsa boloñesa la deja cocer cuatro horas, y la lasaña tiene cinco capas de besamel. Por trece euros el menú. Y en Italia, por esa lasaña, te cobran cuarenta y dos euros más servicio. Decidme dónde está la cocina italiana auténtica, anda.

A mí lo que me molesta es la doble vara de medir. Aquí venimos los españoles llamando “paella” a una mezcla de arroz con cosas que ningún valenciano reconocería, y ningún valenciano se ha quejado nunca formalmente a la embajada. Porque tenemos otra educación. Pero llega un local con un nombre que les hace gracia hasta a los italianos cuando lo ven y les entra el siroco. Que pasen ustedes a comer un buen plato de pasta hervida sin sal y luego ya hablamos de quién se sienta dónde. En mis tiempos esto no pasaba.

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