Edición digital · Nº 45.026
martes, 21 de abril de 2026
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👩‍🍳 COCINA

Esa tendencia de cocinar con tres hierbas no es cocina, es postureo

Esa tendencia de cocinar con tres hierbas no es cocina, es postureo

Yo lo digo y lo seguiré diciendo: las recetas de YouTube están todas mal. Y ahora va y me sale en el telediario que en Madrid Fusión están todos los cocineros estos famosos hablando de “tendencias gastronómicas para 2026”. Que si la cocina atlántica, que si los plant-based, que si fermentar la kombucha en el armario del salón. Mire usted, joven, eso no es cocinar, eso es jugar. Yo he criado a ocho hijos y a quince nietos y nunca he tenido que fermentar nada en el armario del salón, fíjese qué cosa.

En mi pueblo se hace así: dos cebollas, dos pimientos, un buen tomate de la huerta y a la sartén. Si tienes carne la metes, si no tienes pones huevo. Y eso da de comer a una familia de ocho como Dios manda. Y no me venga ahora con que en el restaurante ese ponen “esférico de gazpacho” por dieciocho euros. Eso es agua de tomate que no llena ni a un gorrión. Mi nieto el mediano se vino la semana pasada del Mercado de San Miguel y me dijo: “Yaya, me he gastado treinta y cinco euros y tengo más hambre que cuando entré”. Pues claro, hijo, claro.

Dicen las cocineras esas de la fundación de Bizkaia que las mujeres han sido invisibles en la cocina profesional. Ahí sí que les doy la razón, y miren que no me caen bien las modas. Toda la vida cocinando las madres y las abuelas en las casas, y cuando la cocina sale en la tele de pronto los señores con barba se llevan los aplausos. ¿Que mi suegra hacía un cocido cordobés con careta de cerdo y morcilla que tirabas la cuchara? Pues claro que sí, pero eso no salía en Movistar. Si yo abriera mañana un restaurante de cocina cordobesa de verdad me forro, y lo digo en serio. Pero a mí no me llaman para los premios.

A los cocineros estos jóvenes que veo por la tele les diría una cosa: dejaos de espumas y volved a la cazuela. Con cuatro cosas se come mejor que en esos restaurantes con manteles blancos donde el camarero te explica el plato cinco minutos. Y por la mitad de precio. Que aquí lo único que pasa es que se ha perdido el respeto a la comida. Antes se cocinaba para alimentar; ahora se cocina para Instagram. Y luego nos quejamos de que los jóvenes no saben hacer ni un huevo frito sin quemar el aceite.

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